Diario – Los aeropuertos son una tortura

Nos levantamos a la hora en la que ya no tuvimos más sueño, como casi todos los días. Es uno de esos placeres del viaje que solo comprende quien alguna vez trabajó en horarios insalubres, como 8 de la mañana o cosas por el estilo. Desayunamos, nos pusimos al día con las redes sociales y terminamos de armar las valijas. La mía quedo tan prolija, que me sentí orgullosa y le saqué una foto. Es increíble como el equipaje va mutando conforme seguimos viajando. Es muy poco lo que conservamos desde el inicio y cada vez el bulto se hace mas chico. Qué lindo poder decir que nuestros bienes materiales se reducen a dos valijas de 10kg, 2 mochilas pequeñas, mi cajón viajero y la guitarra de Manu.

Dejamos las valijas a un lado y nos fuimos a disfrutar de nuestro último almuerzo en España. Buscamos un lugar específico que habíamos visto donde ofrecían paellas de todo tipo, incluyendo una versión vegetariana que me atraía mucho, pero no lo encontramos y terminamos comiendo en un barcito con precios accesibles que ofrecía una linda variedad de platos. El menú con una opción, salía EUR 7; el menú con dos opciones salía EUR 10. Ambos venían con bebida y postre. No nos pareció nada mal, teniendo en cuenta que los precios de los menús en Madrid nunca bajan de EUR 10. Los platos estuvieron muy bien y disfrute mucho de las berenjenas gratinadas. La escasez de ofertas vegetarianas durante el viaje es tal, que cada vez que encuentro algo bueno, bonito y barato, me emociono y lo devoro con todas mis ganas.

Salimos del barcito y nos fuimos a comprar algo para hacernos unos sanguchitos para comer en el avión, teniendo en cuenta que el vuelo a Irlanda salia tarde y llegábamos más tarde aún, sin saber si podíamos conseguir algo por ahí. Nos preocupamos un poco porque nos fueran a hacer problema en el aeropuerto por los sanguchitos y nos hicieran dejarlos, pero eran solo dos sanguchitos, por lo que en el peor de los casos, nos quedábamos sin cena. Sin embargo, el solo hecho de imaginar algún tipo de inconveniente en el aeropuerto, nos puso alertas. Calladitos y cada uno por su cuenta, abrió en su cabecita el abanico infernal de posibilidades de que algo saliera mal y nos sumergimos por un instante en nuestros propios pensamientos hasta que nos tocó subir nuevamente los cuatro pisos y con la lengua afuera, cambiamos de tema.

Volvimos al departamento de Sandrita y Adán, nos preparamos los sanguchitos, les dejamos un recuerdito de nuestra visita y después de averiguar cómo llegar al aeropuerto, nos decidimos a salir. Bajamos las escaleras de los cuatro pisos, caminamos un par de cuadras, nos tomamos los dos metros y el colectivo que conectaba el último trayecto del metro que estaba justo en reparación y llegamos finalmente al aeropuerto. Caminamos hasta llegar a la terminal número 1 desde donde salen los vuelos de Ryanair. Nos ubicamos detrás de una fila de gente y al llegar al mostrador nos enteramos que como ya habíamos hecho el check in, no hacía falta. Nos dirigimos a otro mostrador donde no había gente pero nos demoraron al chequear que teníamos un “extra seat” para la guitarra y no sabían si el asiento se había ocupado o estaba disponible. Vale aclarar que en los vuelos de bajo costo descubrimos que nos sale más económico pagar un asiento extra para la guitarra, que despacharla, por eso el “extra seat”.

Mentiríamos si dijéramos que ese fue el primer momento de ansiedad, pero definitivamente, suponía una situación totalmente inesperada. Que estuviera presente la posibilidad de que hubieran vendido el “extra seat” que pagamos para poder llevar la guitarra, no nos hacía ninguna gracia.

Pero aunque el avión estaba lleno, la aerolínea “respetó” nuestra compra y después de un rato de espera, nos dirigimos a hacer el chequeo de equipaje para entrar en preembarque. Mi valija tenía una de las ruedas rotas y estaba difícil de llevar, por lo que las intercambiamos con Manu, que como buen dulce de leche que es, se ofreció a llevar la mía. Cada uno se ubico en una fila diferente, dejamos el equipaje en la cinta para pasarlo por el scaner y pasamos ambos por las maquinolas de rayos x o como sea que se llamen. Manu pasó, pero a mi me hicieron sacar los zapatos y me sonó la chicharra por lo que me controlaron que no hubiese estado en contacto con sustancias ilegales, pasándome una tirita de papel por las manos y el abdomen, que por lo visto genera una reacción al contacto con ciertos productos. Me resultó raro, innovador, y hasta simpático. Pero después de volver a ponerme los zapatos, Manu me aviso que me estaban esperando a un costadito para chequear el contenido de mi valija, que había sido abierta de par en par.

Me recibió un oficial, de esos a los que el hecho de portar un arma les levanta el autoestima, y buscando algo en particular, me hizo desplegar absolutamente todo lo que tenía en mi valija, incluyendo ropa interior y una carterita donde guardaba mis toallitas intimas. De muy mala manera me pidió que abriera todo, que desdoblara una por una todas las prendas de vestir, a la vista de todo aquel pasajero que pasaba frente mio, y después de registrar absolutamente todo, se detuvo en un trípode pequeño que llevaba para mi cámara, y que por lo visto resultó ser lo que llamó la atención del oficial que controla por scanner.

Mientras intentaba volver a ubicar todas mis pertenencias dentro de la valija, indignada comencé a llorar. Me sentí invadida, totalmente expuesta, insultada por un oficial que debería haber sido, además de un poco más humano, de mi mismo género. Sentí todo el tiempo que ese hombre gozaba con su situación de “superioridad”, de poder absoluto, y aunque tuve muchas ganas de quejarme y defenderme, no lo hice porque sabía que no iba a ayudar en nada. Si el oficial se decidía, podía hacernos perder el vuelo que tanto estábamos esperando tomar. La impotencia me cerró la boca y me obligó a tragarme mi orgullo.

Salimos del control, Manu me abrazó, me seque las lagrimas y seguimos hacia el área de preembarque. Ahí nos quedamos sentados por unos minutos hasta que vimos que comenzaba a formarse la fila para embarcar. Permanecimos parados durante un buen rato porque no queríamos perder el espacio en cabina para guardar nuestro equipaje, ya teniendo en nuestro haber un vuelo en el que casi no encontramos lugar para poner nuestras pertenencias. Estábamos cansados de estar parados y con las espaldas doloridas por cargar mochilas durante todo el traslado hasta llegar al aeropuerto y el tiempo que permanecimos dentro del mismo aeropuerto, pero fuimos de los primeros en llegar al mostrador. No sé para qué.

Las azafatas que recibían a los pasajeros en preembarque tenían exactamente la misma actitud que el oficial que registró mi equipaje. Vimos uno por uno, cómo pasaban los pasajeros y eran recibidos de manera muy descortés y totalmente intolerante para quienes llevaran un bulto de más, así fuera una campera, un pote con pochoclos, una botella de regalo o lo que fuere. El avión iba a viajar lleno y no permitían ni el mínimo equipaje excedido.

Nosotros veníamos tranquilos porque habíamos comprado el “extra seat” y teníamos todos los bultos contados, pero después de que nos chequearon los papeles del check in y ya dirigiéndonos a la manga para entrar al avión, a la azafata no le dieron los números y nos detuvo. Nuestro cálculo había sido lógico, pero parece que la lógica no está de moda. Si reservamos un “extra seat” para la guitarra, podíamos llevar un bolsito con mi cajón (es ⅓ del tamaño de un cajón peruano común), como si fuera el “equipaje de mano” de la guitarra. Total, ese asiento no se usa para nada más que la guitarra. Pero no. No está permitido y luego lo confirmamos leyendo la letra chica de las condiciones de Ryanair.

Cometimos el error de protestar y la azafata pocas pulgas nos detuvo a un lado y buscando alguna excusa para complicarnos un poquito más el viaje, nos hizo medir las valijas que llevábamos con nosotros para chequear que tuvieran el tamaño permitido. Habíamos comprado estas valijas para poder aprovechar los vuelos “low cost”, pero cuando quisimos meterlas en el molde que tienen preparado para control de equipaje, no entró ninguna de las dos. Más tarde, midiéndolas, nos dimos cuenta que superaban uno solo de los tres lados, por 5 centímetros. Con la prueba a su favor, la simpática muchacha llamó a otra empleada de la aerolíneas para que realizara la gestión necesaria para que se nos cobrara el exceso de equipaje, que llegó a la suma de EUR 50 por bulto. Pero tuvimos suerte, porque solo nos cobraron las dos valijas y se olvidaron de mi mochila con el cajón (esto último fue irónico). Pagamos la suma a regañadientes, viendo cómo desfilaba frente nuestro, equipaje con exactamente el mismo tamaño de lo que llevábamos nosotros. No quisimos abrir la boca para no perjudicar a nadie más, pero nos dio mucha mucha rabia.

Subimos al avión con los nervios de punta, protestando y sin poder creer lo que acababa de suceder, con lo que esa suma significa para nosotros en términos de días de alojamiento, comida o transporte. Pagamos más por el equipaje de lo que pagamos por nuestros propios asientos. Y todo por un capricho de la azafata, que estaba de malas y nosotros ya veníamos peor que ella.

Ya en el avión, Manu se puso a hacer grullas con papel para aflojar la tensión y yo abrí una revista de sudoku e intente distraerme y no seguir pensando, pero deseando por dentro llegar a Irlanda lo antes posible, porque sabíamos que la tortura todavía no terminaba. Habíamos pasado solo un aeropuerto.

Bajamos del avión e ingresamos a Irlanda, todavía sin ser conscientes de donde estábamos. Pasamos por unos cuantos pasillos porque el aeropuerto de Dublin estaba en reparación, y nos dirigimos a Migraciones. Hasta ahora la experiencia de viaje había sido un gran cúmulo de tensión, pero Migraciones en particular, suponía la cerecita del postre.

Nos dirigimos ambos a una misma ventanilla, como grupo familiar, porque decidimos que era lo mejor para no tener por duplicada toda la documentación que pueden llegar a pedirnos. La experiencia en tantos aeropuertos cruzados nos hizo cada vez más prevenidos y Europa no tiene buena fama en materia de controles. Por eso imprimimos comprobantes de futuros pasajes de salida del país y de próximos viajes, alojamientos ya reservados, resúmenes de cuentas bancarias y todo lo que pudiera llegar a ser de utilidad para demostrar lo que necesitan saber: que no nos interesa quedarnos a vivir ni vamos a trabajar bajo ningún punto de vista, de manera ilegal.

Pasar por Migraciones supone el momento de mayor estrés durante todo el viaje. Parece una pavada, pero el solo hecho de saber que todos nuestros futuros proyectos están por un instante en manos de una persona que tiene en su poder la decisión de dejarnos entrar o no a un país; nos hace completamente vulnerables. Si nos dicen que si, todo sigue su curso; pero si nos dicen que no, perdemos todo lo que tenemos reservado, tenemos que planificar de nuevo los próximos pasos a seguir, tiramos dinero al aire y esa pequeña “zona de confort” donde habíamos fundado nuestros proyectos, de derrumba instantáneamente. Nunca pensamos en un plan b, porque no nos lo permitimos, pero quizás ese sea nuestro error. Preferimos pensar que va a salir todo bien. Y cuando no sale, agarrate Catalina!

En Dublin, después de todo el traqueteo, los nervios nos jugaron una mala pasada y aunque teníamos absolutamente todo en regla, cada pregunta que nos hizo la oficial, nos hizo dudar y respondimos casi tartamudeando. ¿Cómo justificar que ya llevamos más de un año fuera del país, habiendo trabajado solo en un lugar? Y si además le sumamos que tenemos una reserva por un mes en un pueblito que nadie conoce, bien a trasmano de toda Irlanda, suena poco creíble hasta para nosotros. Y es que es así como nos gusta viajar. Nos encantan las ciudades y pueblos tranquilos, donde se percibe lo auténtico de cada lugar. Convivir con la gente, ir al almacén al que van los vecinos, participar de los eventos comunales… Y si le sumamos que se pueden conseguir descuentos enormes en alojamiento a largo plazo en lugares a donde nadie va, nos cierra toda la ecuación. Pero salimos de lo “común” y eso a algunos no les cuadra. Ese era el caso de la agente de migraciones.

La oficial, después de averiguar nuestra vida y obra y de pedirnos papeles que teníamos y que no, finalmente decidió aprobar nuestro ingreso al país y como para aflojar un poco los ánimos, nos terminó recomendando lugares para recorrer cerca de donde teníamos planeado alojarnos.

Cerramos los pasaportes, guardamos toda la papeleta como pudimos dentro de las mochilas que apenas cerraban por los controles por los que habían pasado, fuimos a buscar las valijas que tuvimos que despachar por el incidente en el aeropuerto de España y nos abrazamos fuerte nuevamente. Todavía no habíamos salido del aeropuerto, pero ya podíamos estar tranquilos de que habíamos llegado y habíamos pasado migraciones. Igualmente salimos rapidito a tomar el colectivo que nos llevaría a Monasterevin, nuestro primer destino, por si a último momento a alguien se le prendía la lamparita y encontraba otro motivo para no dejarnos seguir camino.

Todos los viajes nos ponen los pelos de punta, pero después de una muy mala experiencia que algún día compartiremos, mucho más complicada que esta, los aeropuertos se convirtieron en una tortura que tenemos que enfrentar cada vez que nos planteamos mover de un lugar a otro. Y sin embargo, como les comentaba en otro post en el que hablamos un poquito acerca de “¿Qué es la patria?” (si no lo leyeron, hagan click en el link), nosotros solo somos turistas. Nos toca dentro de lo malo, lo mejorcito. Tenemos la suerte de poder decir: si no sale ésta, tragándonos la amargura, tenemos siempre otra opción. Pero no somos los únicos y nos duele en el alma el solo pensar en los que no tienen esa otra opción, o que se juegan un poco más que un simple viaje a conocer un país.

Desde nuestro lugar de simples viajeros y animando a los que estén asustados por desconocimiento o propia experiencia, creemos que caminar vale la pena aunque te caigas, como diría Galeano. Y hoy, ya instalados en Irlanda, podemos decir que lo tortuoso de los aeropuertos no superan ni en lo más mínimo a lo maravilloso de conocer un lugar nuevo. Y tampoco es justo juzgar un país por cómo el aeropuerto trata a sus visitantes, porque el aeropuerto no es el país y lo rico está pasando sus puertas. Si nos quedáramos solo con las malas experiencias en los aeropuertos, no nos moveríamos nunca más. Y sin embargo, acá estamos, con planes de visitar muchos otros lugares más, con ansias de seguir descubriendo, conociendo, aprendiendo.

Son más pruebas a enfrentar para seguir persiguiendo nuestro sueño. No es la única ni la más difícil. Pero ¿quién dijo que las cosas iban a resultar fáciles? ¡El que tenga la receta, que la comparta! Es parte del aprendizaje, del crecimiento. Y nos hace valorar un poco más también lo que tenemos y podemos hacer. Aún en estas condiciones, no podemos ser más afortunados. Así que aeropuertos, ¡prepárense! Porque ¡se van a tener que esmerar un poco más para detenernos!

 “Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas.”
Eduardo Galeano – Fuente: Entrevista BBC Mundo, 2009

6 thoughts on “Diario – Los aeropuertos son una tortura

  1. Se por lo que se pasa en los aeropuertos es una tortura a mi siempre me preguntan que lleva el la mochila y les digo lo que llevo y ahi nomas me dicen saca todo lo que tenes en la mochila y les digo porque no lo hacen ustedes sabiando lo que me vas a responder y me dicen de mala manera lo tiene que hacer usted eso y me preguntan que es cada cosa que saco por ejemplo una camara de fotos y para que sirve le contesto para sacar fotos y se la ponen a mirar parece que jamas hubieran visto una y despues para que lleva 2 camaras y les digo una es mia la otra de mi mama y asi y como decis te la tenes que aguantar le tenes ganas de decir para que va a servir pedazo de p…. pero bueno la cara mia se lo dice y no se detienen hasta que saco todo revisan que no tenga mas nada en las maletas y me dicen la podes guardar
    Tambien lo del escaner casi siempre tengo mala suerte te hacen sacar todo lo que tenes en los bolsillos las zapatillas y hasta el cinturon a mi si me saco el cinturon se me caen los pantalones si que me los tengo que agarrar y que sucede paso por el escaner y suena te hacen levantar las manos les digo se me va a caer los pantalones si hago eso y no les importa.
    Con los que tengo suerte son con los aeropuertos que no hablan castellano jajajaj cuando me dicen que saque lo que llevo en la mochila bueno eso creo que me dicen les digo en castellano que que me hablen en castellano que no le entiendo por suerte ellos tampoco me entienden lo que les digo se vuelven loco y sigo repitiendole lo mismo hasta que se cansan ellos mismo me habren la mochila miran lo que llevo asi nomas y me la regresan eso me sucedio en el aeropuerto de alemania y el de inglaterra los turcos y griegos no me hicieron lio
    Parrafo aparte para el aeropuerto de colombia el de cartagenas de india fue el peor control que tuve y tenes que pasar por 2 controles el del escaner y despues el otro que esta cuando entra a la sala de espera para tomar el avion ahi nuevamente te controlan todo y no solo eso tambien estan los perros y la policia pasa a cada rato con ametralladoras y perros y por suerte eso no me sucedio a mi pero en ese aeropuerto aparte de todo ese control vi que a varios vuelos antes de subirse al avion otro control se tuvieron que sacar los zapatos dejar las valijas de mano o mochila en el piso y pasaban los perros olfateandola
    Tambien tengo mas sobre los aeropuertos y la odisea que tuve que pasar cuando me perdieron las valijas y el seguro al viajero por lo menos asis card que tiene cobertura tambien si te sucede algo asi no te dan nada siempre encuentran alguna excusa lo mismo que las aerolineas pero bueno esa es otra historia sigan disfrutando del viaje y bueno paciencia en los aeropuertos que les puede volver a pasar eso

    1. Luis! Nos hiciste reír mucho con las anécdotas! Vos si que tenes para escribir un libro! jajaja… Da mucha bronca en el momento, esa es la verdad… pero como bien decís, no queda otra. Lo bueno viene pasando la puerta del aeropuerto, así que sera cuestión de ponerle buena cara, esperar a que pase rápido y una vez adentro, disfrutar hasta que llegue el momento de volver a viajar! jejeje. Abrazote fuerte y gracias por leernos y responder! =)

  2. Excelente Relato chicos, y q experiencias lo q me gusta es q nada los amedrenta ni los hace renunciar ni desistir de sus proyectos, me encanto leerlos porque aportan información a la par que su visión de las experiencias además de sus aprendizajes. Ojala me atreviera tan solo a salir alguna vez de Argentina y recorrer así pero mi tiempo ya pasó y me conformo con leerlos y admirar los paisajes y lugares q visitan. Aquí tienen una nueva fan mucha suerte en cada lugar cada aeropuerto y cada rincón q vayan!! Sean felices. 👏👏👏

    1. Hola Dani! Muchas gracias por tomarte el tiempo para leernos y por responder con tanta buena onda! Nos levanta mucho el animo! =)
      Siempre decimos que somos muy afortunados de estar acá porque no vivimos en una burbuja y sabemos que nuestra realidad podría ser muy diferente. Y sin embargo, acá estamos, viviendo lo que mucha gente desearía vivir. Es muy difícil dar “el gran paso” y no siempre se llega de la misma manera. Algún día contaremos como llegamos a donde estamos, porque ambos primero pasamos por etapas complicadas que nos hicieron trastabillar mas de una vez. Creo que lo mas importante es convencerse de que se puede. De que si alguien mas puede hacerlo, también yo. Tengo piernas para caminar, tengo ojos para ver, soy consciente de lo que hago y libre de tomar ciertas decisiones. Ya con eso soy afortunada. Cuando te das cuenta de que hay algo en tu vida con lo que no estas conforme, es el mejor momento para hacer algo y cambiar. Después es todo cuesta arriba, fuerza, paciencia y perseverancia. Nosotros no somos ningunos iluminados. Hay gente muy mayor haciendo lo mismo, hay familias numerosas haciendo lo mismo… Cada uno lo vive a su manera y cada uno tiene su propia receta para ser feliz. Hay que animarse y tomar las riendas de la vida.
      Muchas gracias nuevamente por leernos, y te animamos a que vos también salgas a perseguir tus sueños! A no conformarse con que lo vivan otros! 😉

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